El Santo Bautismo en la Iglesia católica es un sacramento muy importante. Es la primera de las ceremonias, sin la cual todas las demás no serían posibles. A través del bautismo, se purifica al niño del pecado original y, además, se le acoge en la comunidad de la Iglesia católica. Hay hasta cinco símbolos relacionados con el Santo Bautismo. Descubre qué significan y por qué es tan importante su uso.
El rito del Santo Bautismo: ¿qué significa?
El bautismo es una celebración sumamente importante tanto para cualquier niño como para los padres que desean criar a su hijo en la fe católica. El bautismo es el primero de varios sacramentos en la vida de una persona. Gracias a él, el niño pasa a formar parte de toda la comunidad. El bautismo purifica del pecado original y abre las puertas a un nuevo miembro de la comunidad. Le permite recorrer el camino de la luz, el camino del cristianismo. Se trata de un acontecimiento sumamente importante para toda la familia. Es necesario prepararse adecuadamente para él. Y no se trata únicamente de preparar la casa para la recepción tras la ceremonia. El rito en sí, aunque breve, requiere concentración y el uso de varios objetos importantes.
La historia del Santo Bautismo es bastante larga. Para comprenderla, hay que remontarse hasta los inicios del cristianismo. ¿Por qué? El bautismo fue instituido por el propio Jesús, quien fue bautizado en el Jordán por Juan el Bautista. No es de extrañar, pues, que esta tradición, este sacramento, haya perdurado hasta nuestros días. Aunque la forma es ligeramente diferente —la ceremonia se celebra en la iglesia y no en el río—, el significado es idéntico. Toda la celebración va acompañada de varios símbolos que merece la pena mencionar.
¿Qué significado tiene la señal de la cruz en la frente del niño?
Los símbolos del Santo Bautismo son, ante todo, la señal de la cruz que el sacerdote, los padres y los padrinos trazan en la frente del niño. La señal de la cruz tiene un significado especial. Abarca varios aspectos de la fe. Se realiza al comienzo mismo de la celebración. Imprime un sello en el niño, que simboliza la gracia de la redención que este obtiene por medio de Cristo. El signo de la cruz se conoce desde el principio y ya era utilizado con frecuencia por la gente en tiempos de Jesús. El signo de la cruz que se traza en el bautismo es también símbolo y confirmación de una relación consciente con Dios. El hecho de que se realice siguiendo una secuencia específica demuestra que es, además, una expresión de fe en el misterio de la Santísima Trinidad, es decir, el fundamento más importante de la fe para todos los cristianos.
El lavado del niño con agua bautismal
El momento más importante y culminante de todo bautismo es el lavado de la frente del niño con agua bendita. El sacerdote lo hace mientras pronuncia unas palabras muy importantes: «(nombre del candidato), yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Se trata de un momento sumamente sublime, en el que el niño recibe el poder del Espíritu Santo. De este modo, se convierte en un hijo de Dios excepcional. El lavado, junto con estas palabras, constituye la forma y la materia más esenciales del bautismo. Basta con realizar este acto y pronunciar las palabras que le corresponden para que el sacramento se administre correctamente. Esto seguirá siendo válido incluso en situaciones en las que no sea posible celebrar el resto de los ritos. Diversas circunstancias pueden influir en ello. Y es que el bautismo no siempre se recibe en condiciones de buena salud y en un entorno favorable.
Los símbolos del Santo Bautismo son, ante todo, el agua bendita. El ser humano no puede vivir sin agua. Ni los animales ni las plantas pueden vivir sin agua. En el caso del bautismo, el agua es símbolo de vida, de crecimiento y de desarrollo. El agua también sirve para purificar. No es de extrañar, pues, que este momento sea el más importante de la liturgia. Y es que el bautismo lava el yugo que pesa sobre cada persona a causa del pecado original. La importancia del agua en este sacramento queda patente en el hecho de que Juan bautizó a Jesús con agua del río Jordán.
La unción con el crisma
Una vez concluida la parte más importante del bautismo, es decir, el derramamiento de agua bendita sobre la cabeza del niño, tiene lugar otro acto muy simbólico: la unción con el crisma. El aceite que se utiliza en el bautismo es el santo crisma. Al igual que al verter el agua sobre la cabeza, aquí también el sacerdote pronuncia una fórmula especial. Se trata de las siguientes palabras: «Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te has liberado del pecado y has renacido del agua y del Espíritu Santo, Él mismo te unge con el crisma de la salvación, para que, incorporado(a) al pueblo de Dios, perseveres en la unidad con Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey, para la vida eterna».
Ya en la Antigüedad, la unción era un símbolo de gran importancia. Solía acompañar a la investidura de un rey, un sacerdote o un profeta. Era una señal de que Dios mismo había elegido a esa persona para desempeñar dicha función. La unción asignaba a la persona tareas concretas, que, al mismo tiempo, debían conducir a que el designio de Dios reinara en el mundo.
Gracias al sacramento del Santo Bautismo, el ser humano se une a Dios, se une como hijo a Cristo. Recibe de Dios la participación en la misión profética, sacerdotal y real que el Señor Jesús estableció y a la que comprometió al nuevo miembro de la Iglesia.
La imposición de la túnica blanca
El rito de la unción con el crisma culmina con la imposición de la túnica blanca. Se trata de otro símbolo del sacramento del bautismo que encontraremos en cada una de estas celebraciones. Este gesto simbólico está estrechamente relacionado con las palabras que pronuncia el sacerdote. Se trata de la fórmula: «(nombre de la persona que recibe el bautismo), te has convertido en una nueva criatura y te has revestido de Cristo, por lo que recibes esta túnica blanca. Que tus seres queridos te ayuden, con la palabra y con el ejemplo, a conservar la dignidad de hijo de Dios, inmaculada hasta la vida eterna».
Este símbolo también tiene su origen en la Antigüedad. En tiempos de Cristo, muchos adultos eran no creyentes. Solo al cabo de un tiempo comenzaron a decidir abandonar su estilo de vida y seguir el camino de Jesús. En aquella época, las personas que decidían bautizarse recibían nuevas vestiduras blancas para ponerse. Las llevaban durante toda una semana al templo, donde podían escuchar las catequesis mistagógicas que impartía el obispo. El objetivo de estas catequesis era explicar con detalle a los nuevos miembros, a los nuevos cristianos, qué beneficios espirituales les esperaban, pero también qué compromisos debían asumir.
Aunque el paso del tiempo ha hecho que, en la actualidad, sean principalmente los niños —sobre todo los bebés— quienes reciban el Santo Bautismo, el símbolo de la túnica blanca y su imposición al nuevo miembro de la comunidad sigue vigente. El color blanco de esta túnica también es un símbolo: este color es señal de pureza espiritual y de la felicidad de quien tiene la oportunidad de incorporarse a la comunidad cristiana. Pero hay otra cara de la moneda. El gesto de vestir la túnica blanca hace referencia a las palabras de San Pablo Apóstol. Él escribió que el sacramento del bautismo permite al ser humano alcanzar un estado espiritual similar al del Creador.
El encendido de la vela bautismal
¿Qué símbolos utilizamos en el Santo Bautismo? El último de ellos es la vela. Durante la celebración del sacramento, arde en la iglesia el cirio pascual. Esto significa que el propio Jesús está presente espiritualmente entre los fieles que rezan. Normalmente, el padrino lleva consigo una vela y, en el momento oportuno, la enciende con la llama del pascual. Se trata de un gesto simbólico que nos recuerda que las palabras de Cristo deben convertirse en una guía para todo bautizado.







